Hacia una nueva Constitución

5 noviembre, 2020

Transcurrida más de una semana del plebiscito por una nueva Constitución, resulta interesante revisar el proceso y analizar esta nueva etapa que comienza.

Lo primero es destacar que el proceso se llevó a cabo de manera tranquila, sin observarse episodios de violencia ni protestas que pudieran entorpecerlo, y con una alta participación (50%) lo que disipó cualquier duda respecto de la legitimidad del proceso.

Los resultados estaban internalizados por el mercado. Las distintas encuestas mostraban que el Apruebo ganaría con una votación en torno al 70%. Si bien el resultado fue algo superior, no vimos mayores movimientos en los precios de los principales activos financieros, como las tasas de interés o el dólar, al día siguiente. Si bien el IPSA mostró una caída significativa, esta se encuentra en línea con las caídas de las bolsas globales que se vieron ese día, las cuales se asocian a la segunda ola de contagios de coronavirus en las principales economías avanzadas.

Pero esto no significa que los precios de activos no se hayan visto afectados. Tal como lo destacan las minutas de la reunión de octubre del Banco Central, tanto las tasas de interés como el dólar han mostrado una tendencia al alza desde el segundo trimestre de este año. Además, la bolsa local ha sufrido una corrección mayor a la de otras economías comparables. Encima de ello, las mayores presiones de gasto fiscal derivadas de la pandemia y el estallido social llevaron a Fitch a recortar la calificación de riesgo de la deuda soberana de Chile, lo que podría implicar mayores tasas de interés en el largo plazo.

Es probable que veamos un equilibrio de fuerzas en la Convención Constitucional (CC). Dado que el sistema de elección de los miembros de la CC es el mismo que el que se usa actualmente para los Diputados, una aproximación plausible es esperar una composición similar a la de la Cámara actual. Grosso modo, actualmente los partidos agrupados desde Evópoli a la derecha tienen cerca del 47% de los escaños, mientras que desde la DC a la izquierda tienen el 53% restante. Si bien es evidente que estos números van a cambiar, lo que nos dicen es que probablemente ningún sector tenga los 2/3 para imponer sus ideas en la nueva Constitución, lo que los forzará a alcanzar acuerdos, reduciendo el riesgo de que se impongan ideas extremas. No obstante, hay que destacar que el rol de los independientes no es algo menor. Si bien quedan detalles por definir para su participación, el 79% que obtuvo la opción CC es una señal de desaprobación y hastío de la ciudadanía con los partidos políticos, por lo que los candidatos independientes podrían desarmar el naipe político tradicional.

El debate político debiese centrarse en los contenidos. Llama la atención que hasta el momento la discusión de los contenidos de la nueva constitución haya estado mayormente ausente. En la medida en que aparezcan los candidatos a la convención, la discusión debiera centrarse en los contenidos. Esperamos que muchos de los elementos actuales se preserven mayormente. Tal es el caso de los derechos de propiedad, donde es probable que veamos algunos cambios específicos en materia de agua. Además, es altamente probable que el Banco Central mantenga la autonomía que actualmente tiene y que ha sido valorada por todo el espectro político. Dentro de los cambios posibles, veremos propuestas de cambios al sistema de gobierno, apuntando a reducir el marcado presidencialismo actual. Además, queda por ver si el Ejecutivo mantendrá la exclusividad de iniciativa del gasto fiscal y si se le dará rango constitucional a una regla fiscal y/o un límite de deuda. Finalmente queda por ver como se abordarán los ‘derechos sociales’ en salud, educación, pensiones y vivienda, y cómo serán balanceados para hacerlos alcanzables.

Finalmente, es necesario enfatizar que una nueva constitución no va a solucionar los problemas económicos ni la desigualdad que, entre otras cosas, gatillaron el estallido social de octubre del año pasado. Por lo mismo, es importante que la gente modere sus expectativas y que el sistema político sea capaz de canalizar las distintas demandas ciudadanas, adoptando un espíritu constructivo. Encima de esto, es indispensable que nuestra economía recupere su capacidad de crecer, ya que es la forma más efectiva para aumentar los ingresos de las personas y también la recaudación fiscal, dando espacio para la expansión de programas fiscales y ayudando a evitar que se genere una frustración mayor en el futuro.

Pablo Cruz
Economista jefe BTG Pactual Chile