Cruciales #19

Sick Souls, Healthy Minds

How William James Can Save Your Life

John Kaag

Nota del editor

Poco conocida en nuestras latitudes, la figura del gran pensador estadounidense William James merece un nuevo acercamiento. En la actualidad, James es considerado el primer científico cognitivo de Estados Unidos, el padre de la psicología y la filosofía norteamericanas, y el fundador de una llamativa corriente de pensamiento llamada “pragmatismo”, la cual enmarcó en una frase elocuente: “Tenemos que vivir hoy de acuerdo a la verdad que podamos obtener hoy, y estar listos mañana a llamarla falsedad”. Según el filósofo John Kaag, autor de Sick Souls, Healthy Minds. How William James Can Save Your Life (‘Almas enfermas, mentes saludables. Cómo William James puede salvarte la vida’), la obra de James fue escrita para una época como la nuestra. Es por eso que quienes ahora accedemos a ella obtendremos inusuales chispazos de sabiduría y perspectivas que antes podrían haber resultado inimaginables. Algo similar le ocurrió a Kaag en su momento, por lo que su entusiasmo no es infundado. En parte biografía y en parte manifiesto de divulgación, el libro repara en cómo James se curó a sí mismo de una depresión debilitante y salió adelante poniendo en práctica los diversos postulados que le servían para ir engrosando su original forma de pensar. El proceso es fascinante, por cierto, así como contundente es el respeto que James demostró por el libre albedrío, respeto que lo llevó a articular un famosísimo concepto: el “flujo de conciencia”. Nacido en 1842 en un hogar acomodado, James pasó una infancia poco común debido al énfasis que ponía su padre en la libertad con que educó a sus hijos (William era el hermano mayor de Henry, el gran novelista). Superada su condición catastrófica, James se enrieló en el mundo académico de Harvard y en 1890 publicó los Principios de psicología. Tras ello, Kaag informa que nuestro hombre se convirtió “en una superestrella académica”. Consta que sus alumnos lo idolatraban y que nadie gozaba de tanta autoridad y prestigio intelectual como él en el campus de Harvard. Aun así, James no se contentó con refulgir en su entorno, sino que emprendió una de las carreras de conferencista viajero más notables de principios del siglo XX. “En los tiempos de James todavía existía algo noble en el hecho de que un filósofo fuese un intelectual público. Ese momento pasaría rápidamente a medida que la filosofía se relegó a sí misma a la torre de marfil durante el siglo XX”, se lamenta Kaag. Poco antes de morir, en 1910, James escribió algunas luminosas reflexiones sobre un oficio paralelo que venía llevando a cabo desde hacía décadas, el de cazafantasmas. Su curiosidad, como queda aquí de manifiesto, simplemente no tenía límites.

Juan Manuel Vial