Cruciales #15

Think Least Of Death

Spinoza on How to Live and How to Die

Steven Nadler

Nota del editor

En Think Least of Death. Spinoza on How to Live and How to Die (‘Piensa menos en la muerte. Spinoza sobre cómo vivir y morir’), el filósofo estadounidense Steven Nadler enciende nuevas luces sobre la obra de Baruch Spinoza, el pensador neerlandés del siglo XVII que, tras ser expulsado de la comunidad judío-portuguesa de Amsterdam por hereje, dedicó su vida a cavilar y a escribir una serie de tratados que abordan un punto esencial: la libertad y cómo debemos enfrentar el día a día para alcanzarla. Considerado por algunos un ateo y por otros un panteísta, Spinoza repara en que Dios es la Naturaleza, en que el libre albedrío no existe, en que la mente y el cuerpo constituyen una unidad, en que el arrepentimiento no califica como virtud y en que, siguiendo ciertos preceptos, un individuo puede obtener la felicidad aquí, en este mundo, y no en algún paraíso posterior. Para conseguirlo, el sabio recomienda, antes que nada, regirnos por la razón y no por las pasiones. Según Nadler, una autoridad mundial en lo que concierne al pensamiento del amsterdamita, “lo que Spinoza descubrió, y lo que quiere que sepamos, es que hay una forma específica de vivir que representa una suerte de perfección de nuestra naturaleza humana. Es, de hecho, una condición que constituye el verdadero florecimiento humano, y que incluso nos hace en cierto modo similares a Dios o a la Naturaleza mismos”. Parte del atractivo de este libro –recién publicado en Estados Unidos– yace en que las disposiciones de Spinoza pueden ayudarnos a superar momentos complejos, por lo general despojándonos de concepciones o ideas que, por muy arraigadas que estén dentro de nosotros, no contribuyen a alcanzar lo que él denomina “la verdadera paz mental”. De partida, el filósofo aconseja no dedicarle atención a la muerte. Lo anterior queda perfectamente retratado en un ejemplo culinario presente en la Ética, el trabajo más ambicioso del filósofo europeo: “Por timidez respecto de la muerte, el hombre enfermo come lo que detesta, mientras que el hombre sano disfruta de su comida y de esta manera disfruta de la vida más que si temiera a la muerte y deseara evitarla directamente”. Al erudito de Amsterdam, nos advierte el autor, se le percibe como a un egoísta psicológico, término en cualquier caso liberado de connotaciones peyorativas, pues todo lo que cada persona hace y desea, lo que sea que quiera lograr o evitar, está básicamente motivado por el esfuerzo de mantener y aumentar su conatus, es decir, el poder de la mente y el cuerpo. En referencia a esto, una recomendación final: nuestras mejores acciones provienen de la alegría, no de la tristeza.

Juan Manuel Vial