¿Por qué hoy es el mejor momento para comenzar tu APV?
En este BTG Podcast, Andrea Baguetti, Head de Asesoría de BTG Pactual Inversiones Digitales, explica cómo funciona el APV, qué regímenes existen, cómo evaluar los beneficios tributarios y qué factores importan realmente al planificar la jubilación.
Hace 2 meses
El Ahorro Previsional Voluntario (APV) se ha posicionado como una de las herramientas más potentes para complementar la pensión en Chile, principalmente gracias a sus beneficios tributarios.
Uno de los incentivos más relevantes es la bonificación estatal: el Estado aporta un 15% de lo que se ahorró el año anterior, lo que convierte al APV en un mecanismo especialmente atractivo para quienes buscan maximizar el impacto de su ahorro de largo plazo.
La recomendación es comenzar lo antes posible, ya que el interés compuesto genera diferencias significativas entre quienes inician temprano y quienes postergan la decisión. Un ejemplo concreto muestra que iniciar diez años después puede reducir el monto acumulado casi a la mitad aun realizando los mismos aportes mensuales.
La sigla APV corresponde a “ahorro previsional voluntario” y funciona de manera independiente de la cotización obligatoria. Puede contratarse en bancos, compañías de seguros, AFP o administradoras generales de fondos, siempre bajo supervisión de la CMF.
Hoy existe una oferta amplia de instrumentos para invertir: fondos mutuos, fondos de inversión, ETFs internacionales e incluso portafolios balanceados administrados profesionalmente, que ajustan el nivel de riesgo según el perfil del cliente. No es necesario replicar la lógica de los multifondos; es posible construir estrategias en pesos o dólares, con distintos niveles de riesgo y horizontes de inversión.
Los tres regímenes tributarios del APV son el A, el B y el depósito convenido. El régimen A entrega una bonificación estatal equivalente al 15% de lo ahorrado el año previo, un beneficio que se acredita directamente en la cuenta del APV y que resulta especialmente conveniente para personas con tasas marginales de impuesto bajas. El régimen B opera reduciendo la base imponible, lo que permite obtener devoluciones de impuestos en la Operación Renta. Este régimen suele ser más favorable para quienes pagan tasas marginales superiores al 15%. El depósito convenido funciona como un complemento cuando ya se alcanzaron los topes de los regímenes A o B y no permite retiros antes de la jubilación.
Para comenzar a ahorrar es fundamental conocer la situación tributaria personal, ya que esa información determina qué régimen conviene utilizar. Los aportes pueden hacerse de manera directa o mediante el empleador. Este último método suele ser más conveniente porque automatiza el proceso y evita la sensación de estar “sacando” dinero del bolsillo mes a mes.
Los topes también son relevantes: en el régimen A el beneficio llega hasta 6 UTM al año; en el régimen B, los aportes vía empleador permiten hasta 50 UF mensuales y 600 UF anuales; el depósito convenido permite un máximo de 900 UF al año.
Una práctica frecuente es realizar aportes de APV cuando se recibe el bono anual de la empresa, ya que ese monto ya tributó y, si se utiliza el régimen B, puede generar una devolución significativa en la Operación Renta. Sin embargo, el mayor impacto proviene del ahorro mensual sostenido, que permite aprovechar plenamente el interés compuesto. Combinar ambas modalidades —mensual y extraordinaria— suele ser la estrategia más eficiente.
Respecto a la reforma previsional aprobada en enero de 2025, el APV no experimentó cambios. A pesar de las modificaciones al sistema obligatorio, el mecanismo de ahorro voluntario conservó su estructura, beneficios y funcionamiento. Esto refuerza su importancia para quienes buscan complementar su pensión mediante una estrategia flexible y adaptada a su perfil financiero.
Empezar cuanto antes marca una diferencia determinante. Incluso aportes pequeños realizados con constancia pueden generar un impacto profundo en el monto disponible al momento de jubilar. Existen ejemplos concretos donde partir a los 25 años versus a los 35 implica llegar al retiro con casi el doble de recursos, aun manteniendo los mismos aportes mensuales.