Outlook 2026: Del impulso de los vientos de cola a la tracción
Hace 11 horas
En nuestro Outlook 2025, destacamos cómo un punto de inflexión en el ciclo económico —combinado con un giro político hacia la derecha— podía impulsar un año de mejor desempeño en la región Andina y del Cono Sur. Esa tesis se materializó con fuerza. También planteamos que la región estaba entrando en una nueva fase de expansión económica de varios años, lo que sigue siendo nuestro escenario base. Muchos de los principales vientos a favor de 2025 continúan respaldando las perspectivas para 2026: aceleración de la actividad económica en un contexto de menores tasas de interés y precios sólidos de las materias primas (con Colombia como principal excepción), un giro político hacia la derecha en Chile, expectativas de resultados electorales pro-mercado en Perú y Colombia, una normalización continua en Argentina y un dólar estadounidense más débil. En conjunto, estos factores siguen sustentando un caso de inversión atractivo, incluso tras el desempeño excepcional del año pasado.
La política volverá a ser un factor clave para el desempeño de los mercados en 2026, especialmente en Perú y Colombia, donde se celebrarán elecciones presidenciales en abril y mayo. Si bien las elevadas expectativas en torno al gobierno de Kast en Chile podrían introducir riesgos en ambos sentidos, en el corto plazo esperamos un fortalecimiento de la confianza y de la inversión. En Argentina, asumimos un respaldo continuo a Milei y avances adicionales en la agenda de reformas, que constituyen nuestro escenario base.
En nuestra opinión, la valorización ya no representa un viento a favor relevante. Los múltiplos P/U cotizan ahora cerca —o en algunos casos por sobre— sus promedios históricos, particularmente en Chile. El rally del año pasado se benefició de valorizaciones iniciales muy descontadas, pero ese apoyo se ha desvanecido en gran medida. Si bien períodos de expansión económica sostenida pueden justificar múltiplos por sobre el promedio, los niveles actuales limitan el espacio para un mayor re-rating en 2026. Aun así, dentro de un contexto ampliamente constructivo, seguimos viendo más potencial alcista que bajista. Cabe destacar que los fondos de mercados emergentes continúan subponderados en la región Andina y del Cono Sur en relación con ciclos alcistas anteriores, lo que deja espacio para que flujos incrementales sigan apoyando a la región.
Con valorizaciones más ajustadas, el crecimiento de utilidades cobra mayor relevancia para la próxima etapa del rally. Las expectativas actuales de crecimiento del PIB siguen siendo moderadas en relación con el potencial de la región, lo que sugiere espacio para sorpresas positivas si los gobiernos ejecutan de manera efectiva. La capacidad de las nuevas administraciones para fortalecer la confianza, reactivar la inversión privada e impulsar el crecimiento por sobre las tendencias recientes será una dinámica clave a monitorear. De manera alentadora, las expectativas de crecimiento han mejorado en la mayoría de los mercados y esperamos que esta tendencia continúe en el corto plazo.
En términos generales, esperamos otro año de retornos positivos para los mercados. Sin embargo, una mayor expansión de múltiplos probablemente requerirá resultados electorales pro-mercado en Colombia y Perú, avances continuos en reformas y acumulación de reservas en Argentina, y mejores expectativas de utilidades en los distintos mercados. Estos elementos constituyen la base de nuestro escenario central.
Mantenemos una visión constructiva para toda la región, pero Perú destaca como nuestro mercado preferido. Un sólido impulso macroeconómico, términos de intercambio en niveles récord y expectativas de una elección favorable al mercado respaldan el escenario. Además, las valorizaciones están menos exigidas, lo que deja espacio para una expansión de múltiplos. Seguimos siendo positivos en Chile, apoyados por una mejora en el sentimiento bajo la administración de Kast y altos precios del cobre, y en Argentina, donde el avance de la agenda de reformas de Milei debería seguir reduciendo el riesgo país. En Colombia mantenemos una visión más moderada, aunque aún positiva. Si bien existen vientos en contra de corto plazo —como el fuerte rally de 2025, un escenario fiscal desafiante, una política monetaria más restrictiva, el nuevo recargo tributario de 15% al sector financiero (que eleva la tasa efectiva a 50%) y un aumento de 24% en el salario mínimo— creemos que el sentimiento asociado a un eventual giro político compensará estas presiones en el corto plazo.
Chile
Las perspectivas económicas se han fortalecido en los últimos tres meses, impulsadas principalmente por el fuerte aumento del precio del cobre, que hoy se ubica muy por sobre el nivel de US$4,3 por libra que anticipábamos hace apenas un trimestre. Este es el principal factor detrás de nuestras revisiones al alza del crecimiento del PIB, que ahora estimamos en 2,5% para 2026 y 2,3% para 2027 (desde 2,3% y 2,0%, respectivamente), y aún vemos riesgos al alza para estas proyecciones. Un elemento clave de esta mejora es el repunte de la confianza empresarial tras la victoria presidencial de José Antonio Kast. Su agenda prioriza el crecimiento económico mediante recortes al impuesto corporativo y la simplificación de los procesos de permisos, con el objetivo de acelerar la inversión.
También anticipamos un entorno inflacionario benigno en 2026. La fuerte desaceleración de los últimos meses —especialmente en bienes— debería llevar la inflación total a 3,5% a fines de 2025. Esto, junto con la apreciación del peso chileno, menores tarifas eléctricas en enero de 2026, precios moderados de los alimentos y la caída sostenida del precio del petróleo, respalda nuestra visión de que la inflación bajará levemente de 3% y se mantendrá en el rango 2,5–3% durante el primer semestre de 2026. Con la inflación nuevamente en la meta, esperamos que el Banco Central realice un último recorte de 25 puntos base hacia mediados de 2026, llevando la tasa de política monetaria a 4,25%, el punto medio de su rango neutral actualizado de 3,75–4,75%.
Colombia
Entra a 2026 en un punto delicado del ciclo macroeconómico. Tras dos años en los que la relajación monetaria, la caída de la inflación y la recuperación de la demanda apoyaron el crecimiento, el entorno está cambiando. La brecha de producto se ha cerrado, la demanda interna sigue siendo resiliente y las decisiones de política —especialmente en materia salarial y fiscal— están reintroduciendo riesgos inflacionarios y de credibilidad. Como resultado, 2026 se perfila menos como una extensión de la fase de recuperación y más como un año de ajuste, en el que la disciplina de política, la credibilidad institucional y la coherencia macroeconómica serán puestas a prueba simultáneamente. Esperamos que el crecimiento del PIB se modere desde 2,9% en 2025 a 2,8% en 2026.
La dinámica fiscal sigue siendo una de las principales vulnerabilidades. El gobierno enfrenta un déficit creciente, impulsado por ingresos estructuralmente débiles y mayores rigideces del gasto. Proyectamos que el déficit fiscal se amplíe a 7,1% del PIB en 2026, con una deuda pública neta cercana a 61% del PIB hacia fines de año. El reciente aumento del salario mínimo intensifica aún más las presiones fiscales, a través de mayores pagos de pensiones y gasto social indexado, con un costo estimado de COP 7 billones (0,4% del PIB).
La política monetaria también cambiará de rumbo en 2026. Tras un prolongado ciclo de recortes, el fuerte aumento de 23% en el salario mínimo modifica de manera relevante el escenario inflacionario, llevándonos a revisar nuestra proyección de inflación para 2026 a 6,8% desde 5%. Para preservar la credibilidad, el banco central probablemente se verá obligado a adoptar una postura más restrictiva. Ahora esperamos alzas acumuladas de 200 puntos base, llevando la tasa de política a 11,25% hacia fines de año. La inflación se reaceleraría en 2026, impulsada principalmente por dinámicas de costos asociadas a los salarios.
Perú
La economía continuó fortaleciéndose en 2025, con un crecimiento del PIB de 3,4% en el tercer trimestre, impulsado por una sólida inversión privada —especialmente en minería y construcción— y una demanda interna resiliente, apoyada en mejores condiciones laborales. La inflación se mantuvo entre las más bajas de la región, en 1,5% interanual en diciembre, cómodamente dentro del rango meta y con expectativas de permanecer anclada hasta 2027, pese a presiones graduales al alza. Con expectativas bien alineadas y una inflación subyacente contenida, la política monetaria se encuentra cerca de la neutralidad, y se espera que el BCRP realice un último recorte de 25 puntos base a comienzos de 2026 antes de mantener la tasa estable.
Las cuentas externas siguen siendo estructuralmente sólidas, respaldadas por un importante superávit comercial y precios favorables de las materias primas, aun cuando la repatriación de utilidades amplía el déficit de renta primaria. En lo fiscal, se observan mejoras moderadas, aunque un mayor gasto corriente continúa presionando el balance primario. En conjunto, el impulso económico se sustenta en una política monetaria más laxa, mayor confianza, términos de intercambio favorables y un estímulo positivo derivado de la reconfiguración del comercio global, todo ello en un entorno político relativamente estable.
Proyectamos un crecimiento del PIB de 3,0% en 2026, desde 3,4% en 2025, con riesgos al alza en caso de un resultado electoral favorable.
Argentina
Se encamina a un año prometedor en 2026. Si bien el progreso rara vez es lineal, muchos de los principales riesgos macroeconómicos se han atenuado. Esperamos que el crecimiento del PIB supere 4% y que continúe el proceso de desinflación, con una inflación proyectada de 18–20% en 2026, tras un aumento de 30% en 2025. El equilibrio fiscal parece sostenible, y las preocupaciones sobre la capacidad del Banco Central para acumular reservas han disminuido tras el anuncio de un programa formal de compra de reservas. Según el propio Banco Central, una expansión de la base monetaria desde 4,2% a 4,8% del PIB en 2026 podría generar espacio para adquirir cerca de US$10.000 millones en el mercado cambiario.
La política monetaria y cambiaria también ha ganado credibilidad con el cambio hacia un esquema de ajuste de bandas cambiarias basado en inflación rezagada, en lugar de un crawling peg fijo de 1% mensual. En el frente de políticas, el gobierno aprobó su primer presupuesto en tres años y avanza en dos reformas relevantes: laboral y tributaria. Somos particularmente constructivos respecto de la reforma laboral, que ha ganado apoyo de gobernadores clave alineados con la agenda de las pymes, históricamente limitadas por pasivos laborales.
En el ámbito tributario, esperamos aprobación en el Congreso, aunque es poco probable que la reforma genere cambios estructurales profundos; aun así, debería mejorar las condiciones en el margen.