Navegando aguas desconocidas

27 diciembre, 2019

A mediano plazo, la incertidumbre respecto de la nueva constitución y un desempleo que amenaza con superar el 10% hacen prever momentos difíciles para la actividad.

Hacer proyecciones en este contexto no es una tarea fácil. Hay que entender que, dada la naturaleza única de esta crisis, el comportamiento de los indicadores económicos previos al estallido es muy poco informativo para predecir su evolución en el futuro, estamos navegando aguas desconocidas. En esta misma línea, los datos conocidos tras el comienzo de la crisis serán muy informativos, donde podremos ver cambios importantes en las proyecciones en la medida que estos vayan apareciendo. Esto implica que la incertidumbre de todas las proyecciones que veamos es mucho mayor a lo habitual, lo que explica que las expectativas del Banco Central, hechas a fines de noviembre, sean distintas a las que advertimos en el mercado.

Un ejemplo de esto es la inflación. El Banco Central incluyó en el IPoM de diciembre, una proyección de inflación de 3,4% para este año y de 3,5% para el próximo. En BTG Pactual, en cambio, esperamos que la inflación esté en 3,1% en diciembre, con máximos en torno a 3,5% en el primer trimestre de 2020, y en torno a 3,2% para diciembre de 2020.

¿Quién estará en lo cierto? Es difícil saberlo, sobre todo en este contexto. Pero más allá del número de la proyección, el BC está en lo correcto al decir que hay dos fuerzas que se contraponen. Por un lado, la depreciación cambiaria genera presiones al alza en el corto plazo, hay que destacar que esta es una depreciación idiosincrática de nuestra moneda; nos hemos depreciado respecto de todo el mundo. Esta es una gran diferencia respecto de la depreciación de 2018, donde era el dólar el que se apreciaba a nivel global, pero si nos comparábamos respecto de otras monedas la paridad no había cambiado mucho. Por esto, los impactos inflacionarios deberían ser mayores.

Por otro lado, la menor actividad de los próximos años debiese presionar a la baja a la inflación en el mediano plazo. El menor consumo, producto de la cesantía esperada y el desplome de la confianza de los consumidores, sumado a una caída esperada para la inversión, debiesen contraer la demanda por bienes y servicios, empujando la inflación a la baja.

Con el transcurso del tiempo sabremos cuál será el efecto que finalmente dominará. Por ahora podemos anticipar que el 2020 será un año volátil, donde la nueva información disponible moverá los pronósticos con mayor fuerza que antes.