Cruciales #14

Angrynomics

Mark Blyth y Eric Lonergan

Nota del editor

Conscientes de que las manifestaciones de descontento social que han campeado a lo largo del planeta son legítimas y razonables, los economistas británicos Mark Blyth y Eric Lonergan decidieron conversar sobre el tema y, enseguida, reunieron sus diálogos en un volumen de reciente aparición que con acierto titularon Angrynomics (neoconcepto que enlaza las palabras ‘ira’ y ‘economía’). Es más: ambos se definen como dos tipos “enrabiados” por la falta de soluciones que los gobernantes han propuesto para resetear el capitalismo contemporáneo, un sistema que quedó indeleblemente fracturado en los países desarrollados luego de que, tras la crisis financiera de 2008, el 80 por ciento más pobre de la gente pagara por los errores del 1 por ciento más pudiente. Sin pelos en la lengua, Blyth sostiene que lo anterior constituyó “la engañifa más grande de la historia”, mientras que Lonergan plantea que hay que hacer una clara distinción entre la justificada rabia pública y la manipulación hipócrita de la ira tribal con fines políticos. Nadie podría decir que los autores son pensadores de izquierda –de partida, se oponen a aumentar los impuestos a las personas con mayores recursos–, pero lo cierto es que delatan con pasión los pésimos manejos que deben ser corregidos cuanto antes. Enemigos de los tecnócratas, de las ideologías centristas, de los bancos centrales independientes, de las medidas de austeridad y, en general, del statu quo que ya se ha extendido por más de diez años, los expertos proponen tres disposiciones radicales para cambiar el curso de la realidad: dar una suerte de herencia a quienes no poseen bienes a través de la creación de un fondo de riqueza nacional, cobrarles a las empresas privadas por el uso de nuestros datos privados e imprimir dinero sin temor a la hora de enfrentar una recesión, algo que es perfectamente factible en lugares donde la inflación está controlada. Sus ideas han sido aplaudidas por profesionales y medios de comunicación de distintos cuños políticos, lo que ya es bastante decir en un mundo polarizado como el nuestro. Para que sus propuestas se propaguen, Blyth y Lonergan confían simplemente en la imitación, puesto que “la clase política copia; rara vez piensa”. Y, en cuanto al futuro, se muestran inclinados a reevaluar los postulados del economista John Maynard Keynes, ya que ahora, tal como están las cosas, varios de ellos podrían funcionar si son aplicados con convicción. Angrynomics es un libro elocuente, original y osado: un libro que llama a la acción inmediata en pos de mitigar el enfurecimiento masivo que en cualquier momento puede convertirse, como ya lo hemos visto aquí y en otros lados, en violencia desatada.

Juan Manuel Vial