No Filter

How the KGB Took Back Russia and Then Took on the West

Catherine Belton

Nota del editor

Creada como una aplicación destinada a compartir fotografías y generar belleza, Instagram fue evolucionando hacia algo bastante distinto a lo que sus cofundadores, Kevin Systrom y Mike Krieger, tuvieron al principio en mente. El minucioso relato de este proceso lo lleva a cabo Sarah Frier, una incansable y premiada reportera de la agencia de noticias Bloomberg News de San Francisco, en el libro No Filter. The Inside Story of Instagram (‘Sin filtro. La historia interna de Instagram’), recién publicado en Estados Unidos. Para su investigación, la periodista recurrió a centenares de fuentes, muchas de ellas anónimas por razones de confidencialidad, consiguiendo así una completísima panorámica que, en última instancia, revela cómo funciona Silicon Valley por dentro, con Mark Zuckerberg –el polémico fundador de Facebook– a la cabeza (Facebook adquirió Instagram en 2012 por 1.000 millones de dólares, la cifra más alta hasta entonces pagada por una app). El trabajo de la autora da cuenta de las claras nociones estéticas de Systrom, un joven al que le encanta tomar bourbon –todo comenzó con una aplicación llamada Burbn– y que prefirió proseguir con sus estudios en la Universidad de Stanford antes que lanzarse tras la riqueza instantánea que prometían otras oportunidades. El rápido éxito alcanzado por Instagram se debió a que, en vez de intentar competir con otras redes sociales gigantes, se colgó de las comunidades ya existentes. Claro que, a diferencia de Twitter y Facebook, según indica Sarah Frier, “aquí nadie tenía que discurrir algo inteligente que decir. Los usuarios simplemente posteaban una foto de lo que veían a su alrededor”. Los primeros en percibir el futuro potencial de Instagram fueron los ejecutivos de Twitter, quienes intentaron comprar la compañía, pero no lo consiguieron. Poco tiempo después, Facebook dio el gran golpe, algo que, al comienzo, le pareció fenomenal al reducido equipo de Instagram. Sin embargo, a poco andar, comprendieron que las ambiciones de Zuckerberg, muchas veces acicateadas por su paranoia, apuntaban a otro lado. Luego del intenso debate que generó la participación de Facebook en el triunfo electoral de Donald Trump, Instagram también se vio salpicada con las tentativas rusas por dividir a la sociedad estadounidense: “Mientras Facebook era un mejor espacio para hacerse viral”, apunta Frier, “Instagram era mejor para difundir mentiras”, situación de la que supo sacar buen partido la Agencia de Investigación de Internet rusa. Aun así, Instagram efectivamente cambió al mundo, tal como en algún momento lo habían soñado sus fundadores: la app modificó las maneras en que sus usuarios viajaban, comían, se autopromocionaban o se inmiscuían en la vida del resto, influencers incluidos.

Juan Manuel Vial